Nintendo DS
Todos para uno y uno para todos
Al mando de cinco divertidos mercenarios, tendremos que enfrentarnos a decenas de misiones plagadas de enemigos para conseguir nuestra recompensa.
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No puede ocurrir nada bueno si juntamos a seis mercenarios locos. Y si esos mercenarios son totalmente diferentes, como un ruso, un francés, un italiano, un esquimal, un mexicano y un árabe, la cosa saldrá mucho peor. Estos personajes tan estereotipados, comandados por un general con unos labios prominentes, tendrán que realizar más de una treintena de misiones en cuatro emplazamientos totalmente distintos para cobrar la millonada que el general les había prometido.
En los escenarios tendremos que cumplir unas cuantas misiones y, a veces, vencer a un jefe final (dos o tres por escenario). Las misiones serán siempre las mismas: rescatar a unos compañeros, destruir cierto objetivo, acabar con todos los enemigos o sobrevivir cierto tiempo, por lo que el juego puede llegar a ser muy monótono. Por suerte, las fases de los jefes finales dan bastante variedad y son sin duda el mayor desafío que encontraremos en todo el juego. A simple vista no tienen ningún punto débil, pero después de haberles tanteado un poco podremos acabar con ellos. De lo contrario, nos matarán en un momento.
En cada partida controlaremos a tres de los seis mercenarios y a medida que vayan muriendo pasaremos a controlar al siguiente en la jerarquía. Nosotros sólo manejaremos a uno, pero todos los demás imitarán nuestro movimientos, ya sea moviéndonos o disparando. Al final de cada misión se nos puntuará dependiendo del tiempo empleado, los compañeros que han sobrevivido, la precisión que hemos tenido a la hora de disparar, el número de enemigos derrotados y la cantidad de objetos destruidos. En función de eso, se nos entregará una medalla de, cómo no, bronce, plata u oro.
En cuanto a los gráficos, los personajes y los escenarios podrían haber dado mucho más de sí. Por ejemplo, hasta que un enemigo no nos dispare no sabremos de quién se trata (excepto por el color), ya que son todos iguales. Además, la variedad de los enemigos es bastante escasa, aunque en cada escenario pueden aparecer uno o dos tipos más, como un hombre bomba, una torre que dispara misiles o varios indígenas. Y sí, los indígenas llevan armas de última tecnología. Aunque veamos el juego desde arriba, los protagonistas están muy poco detallados y podrían haber añadido algo más.
Todo lo referente a los escenarios está bastante bien, pero -como ya hemos visto en títulos del estilo de Metal Slug- se podrían presentar de otra forma. Son totalmente destruibles y eso, sin duda, está muy bien, más aún si nos dan una puntuación extra por destruirlos. Por suerte, estos fallos los suplen los jefes finales, ya que al ser mucho más grandes cuentan con mejor aspecto que los demás enemigos/personajes.
Del sonido poco podemos decir. Es el apartado que más falla en todo el juego porque siempre tenemos la misma melodía durante un mismo escenario, por lo que, si el juego ya era monótono por las misiones, ahora lo es más por el sonido. Al menos, todos los sonidos de disparos, explosiones, gritos y demás ruidos están bien recreados, algo que nos puede hacer creer que estamos en medio de una batalla en miniatura.
En los escenarios tendremos que cumplir unas cuantas misiones y, a veces, vencer a un jefe final (dos o tres por escenario). Las misiones serán siempre las mismas: rescatar a unos compañeros, destruir cierto objetivo, acabar con todos los enemigos o sobrevivir cierto tiempo, por lo que el juego puede llegar a ser muy monótono. Por suerte, las fases de los jefes finales dan bastante variedad y son sin duda el mayor desafío que encontraremos en todo el juego. A simple vista no tienen ningún punto débil, pero después de haberles tanteado un poco podremos acabar con ellos. De lo contrario, nos matarán en un momento.
En cada partida controlaremos a tres de los seis mercenarios y a medida que vayan muriendo pasaremos a controlar al siguiente en la jerarquía. Nosotros sólo manejaremos a uno, pero todos los demás imitarán nuestro movimientos, ya sea moviéndonos o disparando. Al final de cada misión se nos puntuará dependiendo del tiempo empleado, los compañeros que han sobrevivido, la precisión que hemos tenido a la hora de disparar, el número de enemigos derrotados y la cantidad de objetos destruidos. En función de eso, se nos entregará una medalla de, cómo no, bronce, plata u oro.
En cuanto a los gráficos, los personajes y los escenarios podrían haber dado mucho más de sí. Por ejemplo, hasta que un enemigo no nos dispare no sabremos de quién se trata (excepto por el color), ya que son todos iguales. Además, la variedad de los enemigos es bastante escasa, aunque en cada escenario pueden aparecer uno o dos tipos más, como un hombre bomba, una torre que dispara misiles o varios indígenas. Y sí, los indígenas llevan armas de última tecnología. Aunque veamos el juego desde arriba, los protagonistas están muy poco detallados y podrían haber añadido algo más.
Todo lo referente a los escenarios está bastante bien, pero -como ya hemos visto en títulos del estilo de Metal Slug- se podrían presentar de otra forma. Son totalmente destruibles y eso, sin duda, está muy bien, más aún si nos dan una puntuación extra por destruirlos. Por suerte, estos fallos los suplen los jefes finales, ya que al ser mucho más grandes cuentan con mejor aspecto que los demás enemigos/personajes.
Del sonido poco podemos decir. Es el apartado que más falla en todo el juego porque siempre tenemos la misma melodía durante un mismo escenario, por lo que, si el juego ya era monótono por las misiones, ahora lo es más por el sonido. Al menos, todos los sonidos de disparos, explosiones, gritos y demás ruidos están bien recreados, algo que nos puede hacer creer que estamos en medio de una batalla en miniatura.
Información del juego
Fecha de lanzamiento: Diciembre de 2008


