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La niña que salvó la economía
Nintendo Switch PC PlayStation 4 Xbox One

La niña que salvó la economía

Un estudio belga ofrece una aventura protagonizada por una zagala capaz de controlar las estaciones y sus elementos. ¿Será capaz de salvar el mundo y quebrantar las viejas costumbres al mismo tiempo?

Por David Vigón Rodríguez,
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Las estaciones del año son un elemento recurrente en la cultura universal a lo largo de su historia, desde pinturas y leyendas hasta la opera y el cine, así que los videojuegos no iban ser menos. Los contrastes de las lluvias y nevadas, del calor y del clima optimo nos mantienen alertas del devenir de los años y acondicionan nuestro estilo de vida. Una existencia con un clima estable e impertérrito es agobiante y desalentador, sin cambios ni sorpresas, una absorbente monotonía que deja huella en la psique y personalidad de los humanos. Por desgracia es una situación que irá a peor ante el cambio climático que propician los homínidos, porque si bien este fenómeno siempre ha existido durante milenios somos nosotros quienes lo propiciamos y aceleramos por vivir en este mundo... Es posible que nuestro juego en cuestión se nutra de ese sentimiento ecologista y no lo demuestre de manera evidente con tono falsete, o puede que no fuera su intención. Quien sabe... lo que sí es cierto es esa exposición de las consecuencias vitales, ecológicas y económicas de este desorden climatológico en toda forma de vida. Ary and the Secret of Seasons es obra del estudio belga eXiin, con la colaboración de Fishing Cactus (tanto para desarrollo como para ports a consolas), la editora Modus Games y varias empresas más. A pesar de todas estas empresas que hacen bulto en la pantalla inicial la desarrolladora principal (eXiin) comenzó el proyecto en 2016 con dos humanos y para 2018 rondaban los diez humanos, así que de empresa grande tiene poco.

Arielle es una muchacha aguerrida que lucha por la patria, los animales y la familia, incluso se disfraza como su hermano desaparecido para desafiar las normas.

Nos encontramos en Valdi, un reino mágico dividido en cuatro regiones, como Ostara, Sahmain o Lammastide, las cuales tienen su propia cultura y clima, lo que enorgullece a sus habitantes. En el pasado el Héroe Legendario derrotó al Hechicero Malvado y entregó a sus camaradas el título de “Guardián Elemental” como señal de respeto tras la victoria. Durante generaciones ese título fue pasando de maestros a aprendices, de padres a hijos, siempre varones, quienes dominarían su elemento natural para proteger sus regiones, sus hogares. Sin duda son historias del pasado, exageraciones de cronistas a sueldo y cuentos que no evolucionan... ¿o quizás no? Arielle (Ary para los amigos y los vagos) es la hija del Guardián Elemental de Yule, la región invernal de Valdi, quien es feliz e imaginativa. En su hogar reina la tristeza porque su hermano mayor Flint, aprendiz de guardián, ha desaparecido hace unos meses y todos le dan por muerto, menos ella. Su vida es apacible gracias a su familia y amigos, entre ellos Crocu, príncipe del reino de Ostara, quien la visitará esa mañana. ¡Todo un motivo de jolgorio! No obstante sucesos extraños acontecen y se estrellan en la tierra como un puñalada de oscura realidad: enormes rocas rojas que alteran el clima del reino. Donde antes hacía calor ahora nieva, donde llovía ahora cantan los pajaritos y hay alergias, los frioleros sudan y los bañistas se congelan en sus lagrimas. Esto es una tarea para los Guardianes Elementales... pero nunca hacen nada y siempre encuentran excusas, desde la depresión por duelo hasta una intoxicación... o directamente porque son viajes. A pesar de las reticencias maternas iniciales, Ary comienza su gran aventura desafiando las normas preestablecidas, se adentrará en una historia enraizada en los orígenes de su mundo, de sus secretos y de una realidad inesperada.

El juego es principalmente una aventura con dosis de plataformas, puzles y combates. Al principio la sensación imperante es de un viaje por un pequeño mundo dividido por ciudades, con gente y misiones de recadeo. Pasaremos más tiempo dentro de las urbes de cháchara y de misiones secundarios que sobreviviendo al peligro en terrenos salvajes asediados por las tribus de hienas antropomorfas. Ciertamente es entrañable pasear por las ciudades, ver a sus habitantes, escuchar sus diatribas poco inspiradas y contemplar la arquitectura, de hecho es más divertido el turismos que los combates contra enemigos rasos. Esto es así porque el sistema de combates es realmente pobre y limitado, sin imaginación ni riesgo. La verdad es que no es mala idea tener movimientos defensivos como saltos y volteretas, contraataque y magias especiales basadas en los elementos con el nombre de solsticios. Lo malo son sus combates poco profundos, aburridos y rara vez nos meteremos en una refriega si no es estrictamente necesario y si anhelamos el logro /trofeo de derrotar a quinientos enemigos. Es más cómodo y directo obviar a los enemigos que luchar con ellos porque realmente es muy fácil pasar de ellos. Tardan mucho en reaccionar al vernos, lanzan un alarido antes de atacar y casi siempre fallan el primer ataque, incluso se cansan rápidamente de perseguirnos y se dan media vuelta a la mínima. Esto sucede sobre todo con las hienas (la raza enemiga por antonomasia del reino) y los hongos vivientes, aunque los enemigos de largo alcance sí son más certeros en sus ataques, tanto que nos daña incluso aún cuando estamos durante una conversación con otros personajes. De hecho podemos morir durante una charla y quedarse nuestro cuerpo muerto ahí tirado mientras habla. Por suerte los enfrentamientos contra los jefes finales son más interesantes y divertidos, incluso emocionantes... no obstante hay truco. Es verdad que los jefes son peligrosos, que más de una vez nos dejarán secos y que debemos utilizar los poderes elementales para dañarlos... pero su propia vida no se regenera. No importa cuantas veces seamos derrotados porque tarde o temprano los jefes caerán rendidos a nuestros pies. Al menos es así durante la primera mitad del juego, pues la segunda se vuelve más interesante...

Las esferas elementales modifican el clima exterior creando realidades distintas. Un invierno dentro del verano, un oceano dentro de un desierto.

La autentica magia de este juego no son el simulador de vida en el pueblo con vecinos que repiten frases sin sentido o los combates contra enemigos inútiles... la magia reside en los elementos, puzles y plataformas. Los elementos naturales son divertidos e imprevisibles, pues depende mucho del contexto y objetivo. Según donde se usen puede crearse una esfera de agua donde nadar en su interior, congelar el agua, crear plataformas de hielo o derretirlos. ¿Debemos utilizar un mecanismo que está dentro de un lago o preferimos congelarlo todo? ¿Debemos quitar de en medio unas enredaderas que bloquean una palanca? ¿Como llegamos a esa zona elevada? Por culpa del cambio climático las regiones tienen su climatología descontrolada y es un factor a tener en cuenta al utilizar los poderes elementales, pues no es lo mismo utilizar el poder de hielo en un escenario caluroso o el poder otoñal en un ambiente invernal. Otro aspecto a tener en cuenta son las esferas elementales que se crean alrededor nuestra al usar esos poderes, pues éstas no pueden juntarse con otras esferas. Se puede colocar varias esferas cercanas entre sí pero no mezclarse y cuantos más cercanas estén más pequeñas serán. Es interesante utilizar diferentes elementos al mismo tiempo en distintos puntos del escenario, para así llegar a zonas elevadas, activar varios mecanismos o congelar enemigos pequeños en cubos de hielo para usarlos como plataformas. La complejidad jugable aumenta gracias a los monolitos, que expanden el poder y radio de las esferas elementales, y herramientas útiles para mover objetos grandes, bucear bajo el agua o activar esferas a puntos lejanos gracias a un tirachinas. Otros elementos a tener en cuenta son los cristales rojos esparcidos por ahí que contrarrestan nuestros poderes y destruyen las esferas elementales.

Ronin el mensaje nos permite viajar a distintas zonas del mapa en un santiamén. También le gusta mentir y repetir diálogos de marujas.

Al igual que la narrativa, la parte jugable tiene su propio ritmo. Nos pasamos gran parte de la primera mitad del juego con apenas dos poderes pero sin ser posible utilizar ambos al mismo tiempo pero llegado al momento conseguirnos todos los elementos para usarlos a nuestro antojo. No sólo eso, sino también descubrimos los templos y con ellos una nueva misión del juego. El minimapa no está disponible en su interior y se potencia mucho la exploración, los puzles y las plataformas en general. Es tal el contraste entre la primera y segunda mitad que parecen juegos distintos.

Quizá el mundo esté en plena crisis por el cambio climático pero eso no quiere decir que los mercados se paralicen. Más importante de salvar a la humanidad es salvar la economía. Existen tres tipos de mercaderes por todo Valdi: vulgar humano intercambiable: vende armas de cuerpo a cuerpo y tirachinas; mercader hiena disfrazada que oculta su identidad: atuendos y sombreros; perro sensei Remi: vende mejoras de ataques, agilidad, resistencia y ofrece consejos sobre los solsticios (magia elemental), curiosamente el producto real no se parece a la imagen del escaparate. Todo el dinero necesario lo conseguimos tras cumplir misiones secundarias o escondido en numerosos cofres escondidos (y no tan escondidos) que mayormente albergan monedas y algún objeto relevante de manera puntual. A veces pocas monedas, a veces muchas, a veces 200 monedas y a veces 0 monedas (¿o es un fallo?). Objetivamente lo único útil es comprar las mejoras personales del perro porque la ropa es meramente cosmética y las armas prácticamente también lo son. No hay mucha diferencia entre luchar con una cuchara de madera que con un mazo (ni se detallan unas mínimas estadísticas) y realmente lo útil contra jefes son los poderes mágicos elementales (solsticios) que se activan al encadenar varios ataques físicos sin recibir daños.
Análisis de Ary and the Secret of Seasons para XONE: La niña que salvó la economía
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