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Exorcismo a escopetazos
PlayStation 4 Xbox One

Exorcismo a escopetazos

Doom nos invita a caer de nuevo a los infiernos... nosotros encantados, claro.

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Versión analizada en Xbox One. Copia digital facilitada por Bethesda.

Doom es el padre del shooter (Wolfenstein 3D sería el abuelo). Un título que rompió todos los esquemas y que apabulló por sus gráficos en una época en la que la valía de los videojuegos se medía en la cantidad de disquetes. Luego llegarían Quake y Half Life en PC o Goldenye y Halo en consola, pero Doom era Doom, y eso se respetaba. La segunda parte mejoró a la primera sin salirse de lo visto, pero la tercera entrega tardó demasiado en llegar, y cuando lo hizo no consiguió el mismo rotundo efecto. Pues bien, la gente de Bethesda son ahora los que manejan los hilos de iD Software como bien sabemos. Y como bien hemos visto, han rejuvenecido no hace mucho Wolfenstein con The New Order, en lo que es el mejor modo campaña visto en un shooter para la presente generación. Pues ahora le toca el turno a Doom, la que sería cuarta parte se ha quedado en simplemente Doom y como veremos a lo largo de este análisis, tiene todo el sentido del mundo llamarlo así.

De la trama como si pasamos de largo. El personaje se despierta en el planeta Marte infestado por los demonios más horripilantes que se recuerdan, se pone la armadura de combate de color verde y se lía a escopetazos para mandarlos a todos de vuelta al infierno. Tendremos charlas, mensajes, conversaciones y coleccionables de esos que aportan trasfondo... pero el mismo juego nos deja claro que todo eso aquí sobra. Que aquí hemos venido a una cosa y que todo eso está muy bien para otros juegos, pero no para Doom. El juego original basaba su jugabilidad en lo intrincado de sus niveles (llaves de colores que permitían el acceso a otras zonas), los enfrentamientos con los demonios y la cantidad de secretos que podíamos encontrar en los escenarios, algo que provocaba que fuéramos casi pared por pared intentando encontrar el mecanismo de apertura.

El Doom de 2016 mantiene todo eso y lo potencia. Los escenarios son enormes, llenos de desniveles y posibilidades que aprovecharemos tanto nosotros como los enemigos. La posibilidad de subirse a cualquier saliente de forma automática con solo saltar, permite una accesibilidad pocas veces vista en un videojuego. Los combates son pura adrenalina (ojo con la dificultad que escojemos) y deberemos tener un ojo en el indicador de salud y armadura para no tener que repetir el punto de control con demasiada asiduidad. Las armas son increíbles, mejorarlas resulta satisfactorio y su uso en combate una delicia, algo que solamente recordamos de Wolfenstein: The New Order. La mejora en la jugabilidad llega con las ejecuciones, y es que golpear cuerpo a cuerpo cuando los enemigos "brillan", además de dejarnos una bonita escena llena de casquería supondrá un alivio para nuestra maltrecha salud. Si es que han pensado en todo. En cuanto a los secretos, tenemos de todo, desde coleccionables a zonas retro con sus enemigos para que no decaiga la fiesta.
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